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Si no traes paz a mi vida, déjame a solas con mi guerra.

Cuando veo a algunas amigas en sus relaciones idílicas fomentando el amor de pareja, la convivencia perfecta y ahora más aún, cuando se acercan las navidades con la puesta en marcha de colocar los detalles navideños juntos, sinceramente, me produce diabetes e incluso arcadas sazonadas con purpurina.
 
No es que esté en contra del amor aunque pueda parecerlo, es la situación de autodefensa para no hundirme en la miseria de pensar que estas fiestas las pasaré nuevamente sin pareja con la fiel y comprensible compañía de mí misma. 

Es difícil encontrar a una persona que sea compatible contigo. Un 'bundle pack', mi 'partner in crime'. 

De verdad, lo llevo corroborando desde hace varios meses atrás, cuanto más mayor te haces, más exigente te vuelves. Pero es que también la cantidad de tios que van apareciendo en mi vida no ayudan. 

A veces me pregunto si tendré un imán para atraer a cierta morralla varonil que piensa que me sobra el tiempo. 

Me hastían. 

Uno de ellos, por ejemplo, el amigo del novio de una amiga. Topicazo. Sin que te des cuenta, te ves metida en una encerrona donde te invitan a cenar con la excusa del 'hace mucho tiempo que no nos vemos' y al que hay que sumarle 'no te importará que venga el amigo de...'. 

¡Sorpresaaa!
Te acaban de meter en una cita que resulta ser mucho peor que las del Tinder porque al menos ahí, ya les pones cara. 
Pero claro, es el detalle de tu amiga/amiguísima que intenta que conozcas alguien nuevo e interesante -porque si os gustáis y la cosa cuece y enriquece- ella querrá ser la testigo de la boda por haber sido la partícipe de tal encuentro. 

Pero no, es que no te atrae. Tu amiga te quiere presentar al amigo de su novio, un verdadero 'craco'. Te lo quiere encasquetar. Tu amiga no te quiere. No te valora. 

Y tú no tienes nada en contra de que sea feo, sabes que no te entra por los ojos pero te das la oportunidad de que al menos despierte la oxitocina de tu cerebro. Pues tampoco. 

Con doble minipunto negativo y después de una cena bastante ficticia te vuelves a tu casa con la misma cara y el pensamiento 'de siempre' donde sopesas que los astros nunca se alinean para llevarte por el camino del enamoramiento. 

Entras en bucle en tu reiterada guerra mental con la esperanza de que al menos venga un alma celestial capaz de hacerte tocar el cielo y poder suprimir tus dedos espirituales.